Aida Vidal Arias

Aida Vidal Arias

BIOGRAFÍA

Nació en la hacienda de Bambas, distrito de Chilia provincia de Pataz departamento de La Libertad, un 23 de agosto de 1912.

Sus estudios de primaria y secundaria los realizó en Lima. Siendo estudiante publico artículos y poesías en la página escolar del diario La Prensa y posteriormente en los diarios La Industria de Trujillo, El Comercio y Expreso, de Lima.

Contrajo matrimonio con Armando Gamarra, nieto del huamachuquino Abelardo Gamarra Rondo “El Tunante”. Vivió en la hacienda “Almapara” de su propiedad, sita en Parcoy.

Viajaba a Trujillo, a Lima en compañía de sus 8 hijos. EL año de 1996 publicó su libro titulado “Mi Patria es muy linda se llama Perú” poemario dividido en seis partes..

Aída Vidal Arias de Gamarra murió en Trujillo el 5 de mayo de 1996, dejando muchos libros inéditos como: Leyendas de mi Tierra, Mirando el Pasado, Fechorías del Diablo, Relatos Pueriles, entre otras.

 

OBRA

POEMARIO

TAYABAMBA

Crepúsculos de oro y gualda
Techumbres de ocre terroso
sobre casitas que duermen
del Bomboncillo a la falda.

Por el este, cariñoso;
el Pahuarchuco te guarda
como esclavo que guardara
el sueño de una sultana.

¿Cómo viniste a la vida
mi querida Tayabamba?
¿Por capricho de un monarca
de la antigua noble raza?

¿Te halló quizás el hispano
o el capitán con un gesto
de su mano poderosa
te hizo surgir a la vida
del viejo monte de la sombra?

No lo sé. Yo sé tan sólo
que este pueblo que hunde su alma
entre la pompa esmeralda,
ocre, rojiza, azulosa
de su esplendida campiña
hecha de faldas y lomas,
es pueblo de un alma fuerte,
como tallada en la roca
y a la vez cálida y dulce,
noble, fina y cariñosa.

Yo siento la fortaleza
de su espíritu pujante
en la majestad telúrica
de su nido, hecho de Ande.

Yo siento la femenina
suave dulzura de su alma,
en el rumor de la brisa
cuando entre sus frondas pasa.

Yo entiendo cuan son de altivas
sus bizarras esperanzas
en el rumor del torrente
que corre por sus quebradas.

Y siento las majestades
de su nobleza y su gracia
en el fuerte Pahuarchuco
que cariñoso le guarda
como esclavo que guardara
en el sueño de una sultana.

 

ME DUELE MADRE

Me duele, madre, tus penas,
tus largas noches de insomnio,
tu interminable y consonante
trabajar para tus hijos.
Me duele tus ojos dulces,
tus manos encallecidas,
tu trajinar menudito.

Me duele los confiados
ojos de tus pequeñuelos
a los que jamás les falta,
gracias a tu diligencia,
yantar, ropa y sobre todo
amor, tu divina ciencia.

Me duele la absurda sombra
de tu crepúsculo, madre;
y a veces y muchas veces
la ingratitud de los seres
que por ti fueron. La plata
entretejida en tus sienes.
Y los surcos en tu rostro
delineó la vida aleve.
Tu duro y largo calvario
me duele, madre, me duele.

 

CHACARERITO

Nací en el Ande. Vivo en la sierra
En la lomada tengo mi choza.
Yo con mi taita aro la tierra
tras de le negra yunta calmosa.

Tengo un burrito pa traer mi leña
paque mi mama haga chochoca,
pele su mote si así se antoja,
jierva su chicha o su cocopa.

El zorzalito muy de mañana
o la pichusha me pega un silbo,
o el jilguerito que en los sauzales
de lao mi choza tiene su nido.

Yo soy amigo de los torrentes
que van corriendo por las quebradas;
de los puquiales en donde beben
las ovejitas de mi manada.

 

HERMANO ÁRBOL

Bendiciones te lleguen por siempre, hermano árbol,
en la voz de los vientos y en la canción del río,
en la armonía inquieta del rumor de las brisas
por todas las mercedes que de ti recibimos.

Por la fresca fragancia de tu follaje umbroso,
millonario de trinos, de nidos y de flores;
por la pulpa jugosa de tus frutos tiernísimos
y por la multiforme variedad de tus dones.

Tú estás con nosotros, hermano árbol, amigo
desde la cuna frágil al sombrío ataúd.
Contigo despertamos y contigo dormimos
en el primer arrullo y en la poster quietud.
Tú en la pobre cabaña y en los grandes palacios,
en los humildes techos y en los techos del rico,
en los cofres que guardan perlas, oro y topacios
y en la humilde escudilla del mendigo.

En brazos tuyos ágiles flamean las banderas
de los pueblos del orbe en la paz y en la guerra.
Tú vas sobre los mares udivagos y azules
enlazando países y acercando fronteras.

Tú estás en el altar al pie del cual el hombre
implora desvalido la protección del cielo.
Tú en el caballito con que juega el infante,
en la rueca, en el huso y el sillón del abuelo.

Tú en la chaquitaclla de nuestra raza antigua,
en el arado, en el hacha, el lagar y el molino
y para más honrarte la Divina Persona,
el hijo de Dios mismo quiso morir contigo.

Aida Vidal Arias

 

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