Balmes Lozano Morillo

Balmes Lozano Morillo

BIOGRAFIA

Nacido en Taurija. Estudió en la universidad de Lima (Cinematografía y Televisión, y Ciencias de la Comunicación).

Ejerció la docencia en la Universidad de San Marcos, en varias universidades privadas y en la Escuela de Cine de Lima.

Autor del poemario Tri X (1978) y de cuentos cortos publicados en revistas nacionales. Coautor del relato La Sublevación de Atusparia (1984).

Ha publicado diversos ensayos de cultura popular tradicional, estética y valoración social, arte popular y cultura nacional. Desde 1983 hasta 1987 dirigió la revista de ensayo y creación Tierradentro.

También es autor del ensayo Batallas del cine peruano (1984) y de la compilación El Cine Peruano visto por críticos y realizadores (1993). Integró el colectivo editorial de la revista de cine Briznas (1993 – 1996). En estos últimos años forma parte del Consejo Editorial de la revista Butaca de la Universidad de San Marcos (2002 – 2006).

Es autor de una antología de poemas editada en dos tomos, con el título Poemas de amor y rebeldía social –poetas del mundo antiguo y contemporáneos- (2006). Esta antología contiene más de mil poemas en 1,200 páginas entre los dos tomos, y según el prólogo “tiene como tema central el caudal incandescente del amor y la rebeldía social, las dos pasiones más intensas y constantes de todas las épocas”. Aquí se ubica poemas y cancines de todas las civilizaciones y etnias del planeta, sin excepción, desde la antigüedad hasta la actualidad, convirtiéndose en una obra única y de valiosa importancia.

 

OBRA

De Poemas de Amor y Rebeldía Social, Tomo I

ESPOSO AMADO DE MI CORAZÓN

Esposo amado de mi corazón,
grande es tu hermosura, dulce como la miel.
León, amado de mi corazón,
grande es tu hermosura, dulce como la miel.

Tú me has cautivado, déjame que permanezca temblorosa ante ti;
Esposo, yo quisiera ser conducida por ti a la cámara,
tú me has cautivado, déjame que permanezca temblorosa ante ti;
León, yo quisiera ser conducida por ti a la cámara.

Esposo, déjame que te acaricie;
mi caricia amorosa es más suave que la miel.

En la cámara llena de miel,
deja que gocemos de tu radiante hermosura;
León, déjame que te acaricie;
mi caricia es más suave que la miel.

Esposo, tú has tomado tu placer conmigo;
díselo a mi madre, y ella te ofrecerá golosinas;
a mi padre, y te colmará de regalos.

Tu alma, y sé cómo alegrar tu alma;
Esposo, duerme en nuestra casa hasta el alba.
Tu corazón, yo sé cómo alegrar tu corazón;
León, durmamos en nuestra casa hasta el alba.

Tú, ya que me amas, dame, te lo ruego, tus caricias.
Mi señor dios, mi señor protector,
mi Shu-Sin, que alegra el corazón de Enlil,
dame, te lo ruego, tus caricias.

Tu sitio dulce como la miel,
te ruego que pongas tu mano encima de él;
pon tu mano encima de él como sobre una capa-gishban,
cierra en copa tu mano sobre él como sobre una copa-gishban-sikin.

 

POEMA DE LOS SUMERIOS

Es el más antiguo texto poético que se conoce hasta ahora, elaborado hace 6 mil años. Fue descifrado en 1951 por Samuel Kramer, quien encontró por casualidad unas tablillas de arcilla en un museo de antigüedades de Estambul que contenían este canto.

 

BEBEREMOS EN EL CRÁNEO DEL TRAIDOR

Beberemos en el cráneo del traidor,
usaremos sus dientes como collar,
de sus huesos haremos flautas,
de su pies haremos un tambor,
después bailaremos.

 

FRAGMENTO DE LA IMPRECACIÓN DE UN INDIO 
A UN GUERRERO ESPAÑOL
(Danza: La muerte del Inca Atahualpa)

Ladrón
como el zorro, como tortuga
cobarde.
No es valor pelear ocultando el cuerpo.
Descubre tu pecho,
y entonces veremos qué alma el sol templó mejor.

 

DE POEMAS DE AMOR Y REBELDÍA SOCIAL, TOMO II

POEMAS DE LOS SHIPIBO-CONIBO ANÓNIMOS

EN LA MADRUGADA

En la madrugada
nuestra madre
nos despierta

aunque durmiendo
nos despertamos

cuando despertamos
nos orienta
para que no seamos
haraganes
para que no seamos
mentirosos

después de orientarnos
nos hace bañar
y es así que
nuestra mente
se siente fresca.

Después de haber escuchado
la orientación de nuestra mamá
nos dirigimos a pescar
a buscar pescados
y cuando llegamos a la cocha
nos damos cuenta que la situación
es muy distinta
antes había bastante pescado
existían carnes que
sobraban
y en estos tiempos
ya casi no existen
y otros hombres
a pesar que hay
pocos pescados
se atreven a vender
pero nosotros no la realizamos
nosotros conseguimos con
nuestras flechas
suficientemente como para
alimentarse
y es por eso que nos sentimos apenados
ya que los pescados corren
el riesgo de extinguirse.

 

POEMAS DE LA GUERRA DE IRAQ

BAGDAD, TE SALUDO
Ali Ahmad Saíd

I
Deja el café y bebe otra cosa
mientras escuchas a los invasores:
“Con la gracia del cielo
hacemos una guerra preventiva;
desde el Hudson y el Támesis
traemos el agua de la vida
para hacerla fluir en el Éufrates y el Tigris”.
Una guerra contra el agua y los árboles,
contra los pájaros y los rostros de los niños.
De sus manos surgen llamas de fuego
en forma de clavos de cabeza oval,
y en sus hombros descansa la mano
de la herramienta mortal.
El aire gime y llora
a lomos de un junco llamado tierra
y la arena se hace roja y negra
entre los tanques y los bombardeos,
entre ballenas que son misiles volantes,
en un tiempo que improvisa metrallas,
en volcanes espaciales que expulsan su inquisitiva lava.
Oscila, Bagdad, sobre tu cintura transida de agujeros.
Los invasores nacieron en un viento que anda a cuatro patas
con la gentileza de un cielo restringido
que está preparando al mundo
para que lo engulla la ballena de su lengua sagrada.
En verdad, como dicen los invasores:
parece que este cielo-madre
sólo sabe alimentarse de sus propios hijos.
¿Pero también hemos de creer, invasores,
que los misiles tienen sello de profecía,
que la civilización se hace a golpe de residuo radiactivo?
Una nueva ceniza vieja bajo nuestros pies.
Pero decidme, pies que andáis sin rumbo,
¿sabéis a qué abismo habéis llegado?
Nuestra muerte está al filo de las agujas del reloj;
nuestro pesar se dispone a clavar sus uñas
en la carne de las estrellas.
Guay de este país del que somos parte:
una tierra que nada crepitante en los incendios
y los hombres como leña seca.
Cuán hermosa eres, piedra sumeria,
tu corazón sigue latiendo con un Gilgamesh
que se dispone, de nuevo, a echar pie a tierra
para volver a buscar la eternidad de la vida;
pero, esta vez, su guía no será sino
un haz de polvo radiactivo.
Hemos cerrado las ventanas
tras limpiar los cristales con periódicos
que cifran la historia de la invasión.
Luego, hemos arrojado a las tumbas
nuestros vestigios de rosas.
¿Adónde vamos?
Ni siquiera el camino se cree ya nuestros pasos.

II

Una nación entera está a pique de olvidar su nombre.
¿Y todo por qué?
¿Las flores del oprobio me han enseñado a dormir
en el regazo de lo funesto?
El invasor ha devorado el pan de la canción;
no preguntes pues, poeta:
a esta tierra sólo puede despertarla
el fuego de la rebelión.

 

DEL POEMARIO TRI X, 1978

TAURIJA

Después de lavar el orbe
con una franela azul
y gotas
de rocío titilantes,
el hombre
extiende el doble ancho de su vida
sobre los prados.

El alba es un conejo en levadura
que nos levanta en vilo,
que limpia el polvo de la noche
para que nuestras ventanas interiores
dejen pasar la luz y la alegría.

No hay barreras para el pensamiento.
Aquí nadie dice: este no es mi brazo,
este no es mi país, este no es mi viento
porque saben que los ojos ven lo infinito,
y nuestra patria chica
o nuestra patria grande, es el hombre,
el mundo, el universo entero.

Aquí la piedra es dura
y florece también ante los ojos,
el barro sube a los rostros
para estar más cerca de la vida,
para penetrarse y alimentar
a esa cebolla de vidrio resonante.

El cerro Tutapaja es un fantasma
por donde se puede caminar
y arrancar el sol o la luna
durante todos los días.
Pero a veces la noche nos asalta muy temprano
y el sueño y la muerte
se confunden en la oscuridad,
solo el río Arancante
se desborda a los oídos,
y los grillos y los pájaros nocturnos,
y las ovejas o los asnos,
ofrecen recitales a la vida y al reposo.
El cerro Calvario es un corazón
petrificado en las manos del tiempo,
desde allí, en agosto, las cometas de papel
se elevan hasta dejar de ser cometas
y anidar en los peñascos lejanos.

En este pueblo enorme,
donde los caminos se vuelven
nervios sensitivos,
donde los ríos empiezan a hablar de Marx,
donde las lluvias y los vientos
traen ideas desde otros continentes,
a Taurija también,
como a todos los pueblos del mundo:
la revolución llegará
con una aurora encendida entre las manos.

Balmes Lozano Morillo

 

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