El Amor es mezcla de alegría y dolor

El Amor es mezcla de alegría y dolor

Eltayabamba.- El destino, un tema nuboso en occidente, como el hermoso invierno tayabambino, la magia que eleva y envuelve la emoción con la suave y natural permuta de Sol, lluvia, granizo y neblina. Un lujo para los espíritus elevados.

El amor sexual, aquel que duerme en nuestro pecho, chispea cada día buscando la sintonía de su otra mitad, aquella alma gemela que en alguna parte también peregrina con el anhelo de amar y ser amado, un verdadero misterio de la existencia camuflado para dar continuidad a la vida.

Los orientales creen firmemente que el destino del humano es como un libro individual en donde está escrito su carácter, su raza, sus creencias, la fortuna o pobreza que le corresponde a cada hombre y cada mujer; y evidentemente el amor con el que compartirá sus días en su paso por la tierra. Qué manera más Sabia de liberar a la divinidad de nuestras desdichas o aciertos.

Dicen que las mujeres jamás se enamoran de los hombres; solamente el hombre se enamora de la mujer; y al parecer así sucede, porque cuando nos enamoramos de una mujer, no nos importa si es alta o bajita, gorda o flaca, rica o pobre; solamente nos importa ella.

En tanto que la mujer, para enamorarse necesita que el hombre represente seguridad, caballerosidad, sencillez, que sea trabajador, virtuoso, que parezca malo pero que en el fondo sea bueno; y entonces se enamora, no del hombre físico, sino del amor del hombre.

Pero una vez que ambos se elevan a la región del amor, las sensaciones son las mismas: Amar es una mezcla de alegría y dolor en el pecho; algo así como cuando los tayabambinos contemplan la procesión del señor de Burgos los viernes santos, miran con el sentimiento de dolor y gozo entremezclados. El verdadero amor es un gozoso sufrimiento.

Debemos saber que la ilusión se disfraza continuamente de amor; utiliza a la alegría, hermana menor de la felicidad; pero pronto se la lleva, y fuga riéndose de nuestra inocencia, y a cambio nos deja la desilusión.

Tayabamba tiene una característica inadvertida y quizás sea otra de nuestras riquezas escondidas: Sus sembrados contornos, su azulado cielo, sus casitas de tejado y todo un panorama que recrea una atmósfera propicia para despertar el lazo afectivo; aquí los forasteros encuentran su hogar, los románticos su inspiración y se rinden los orgullosos.

Las tardes tayabambinas se trasforman cuando se despierta el amor que duerme en nuestro interior: Los cerros azulados se ven más azules; los verdes bosques más verdes y tupidos; las pampas aumentan su primor, y los caminos lucen contornados por las azuladas pencas y las agrestes pircas.

Los ojos del amor no son las ventanas del alma sino de la Gloria en donde estuvimos antes de venir al mundo, allí donde elegimos una vida, un destino, un amor.

Por: Arnold Melgarejo López
Licenciado en Relaciones Internaciones
Universidad de Panamá

 

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