El día que Arguedas se decepcionó de la vida

El día que Arguedas se decepcionó de la vida

Un viernes 29 de noviembre se oyó un disparo; era Arguedas, agonizante y envuelto en dolor soportó hasta el 2 de diciembre de 1969 que su alma voló a las alturas y por allí de seguro regresa de tiempo en tiempo a refrescarse con la suave brisa de los andes.

Reproduzco fragmentos de su carta póstuma que dejó antes de tomar su humana decisión:

(…) Creo haber cumplido mis obligaciones con cierto sentido de responsabilidad, ya como empleado, como funcionario, docente y como escritor. Me retiro ahora porque siento, he comprobado, que ya no tengo energía e iluminación para seguir trabajando, es decir, para justificar la vida. Con el acrecentamiento de la edad y el prestigio, las responsabilidades, la importancia de estas responsabilidades crece y si el fuego del ánimo no se mantiene y la lucidez empieza, por el contrario, a debilitarse, creo personalmente que no hay otro camino que elegir, honestamente, que el retiro. Y muchos, ojalá todos los colegas y alumnos, justifiquen y comprendan que para algunos el retiro a la casa es peor que la muerte. He dedicado este mes de noviembre a calcular mis fuerzas para descubrir si las dos últimas tareas que comprometían mi vida podían ser realizadas dado el agotamiento que padezco desde hace algunos años (…).

Más adelante y a propósito que hoy ha cobrado vigencia la polémica por la Ley Universitaria, revisemos en las expresiones pre mortis del escritor, sus ideas en torno al sentido de la Universidad y sus principales actores, autoridades, maestros y estudiantes: (…) “Cuán fecunda y necesaria es la intervención de los alumnos en el gobierno de la Universidad. Fui testigo de cómo delegados estudiantes fanatizados y algo brutales fueron siendo ganados por el sentido común y el espíritu universitario cuando los profesores en lugar de reaccionar sólo con la indignación lo hacían con la mayor serenidad, energía e inteligencia. Yo no tengo ya, desventuradamente, experiencia personal sobre lo ocurrido durante los trece meses últimos Que he estado ausente, pero creo que acaso los cambios hayan sido tan radicales. Espero, creo, que la Universidad no será destruida jamás. Declaro hacer sido tratado con generosidad en la Universidad Agraria y lamento que haya sido la institución a la que más limitadamente he servido por ajenas circunstancias. Aquí, en la Agraria, fui miembro de un Consejo de Facultad y pude comprobar que de la actual crisis se alzará más perfeccionada y con mayor lucidez y energía hasta cumplir su misión (…).

El intelectual colombiano Carlos Vidales, que estuvo alojado en la casa de José María Arguedas los días previos al suicidio refiere en un conmovedor comentario: “Pero el viernes se desató la tragedia. Mañana se dirá, tal vez, que lo mató el cansancio, la incomprensión o la neurosis. Pero mientras existan los “pongos” , los siervos de la tierra; en tanto suene en el aire “el rezo de las señoras aprostitutadas, mientras el hombre las fuerza delante de un niño para que la fornicación sea más endemoniada y eche una salpicada de muerte a los ojos del muchacho” ; mientras los indios de las punas sean”piojosos, diariamente flagelados, obligados a lamer tierra con sus lenguas” , mientras existan la injusticia, la humillación y el oprobio, habrá muchos Arguedas muriendo y renaciendo sin cesar en el doliente pero algún día victorioso corazón de los que sufren”.

Será la tristeza o la atracción por la muerte lo que precipitó la fatal decisión? no lo sabemos hay que estar en los zapatos de quien se enfrenta a la vida contradiciendo a la vida; Arguedas lo hizo y se fue para quedarse.

Por: Eliseo S. Wenzel Miranda

 

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