El ignorado código geográfico peruano

El ignorado código geográfico peruano

Eltayabamba.- El último jueves, en tanto disfrutábamos de un café con una gran amiga amante de la historia antigua; surgió de pronto el tema Andino, aquella parte de nuestro país que tanto fascina al resto del mundo; contrario al pensamiento peruano más inclinado a la cultura que la destruyó.

Con el tema sobre la mesa, aromatizado por el chocolate y la cafeína, nos sumergimos en la trama sobre la base de los hemisferios del planeta, sur y norte, tanteando el zócalo para no perdernos en las profundidades a donde no llega la luz del conocimiento “oficial”; y probablemente, ignorado en nuestro país más fervoroso con las piedras de las ruinas que con la sangre que las esculpió.

La dama no tardó en señalar que todas las grandes civilizaciones del planeta florecieron en el hemisferio norte, Egipto, India, Mesopotamia, Grecia, Roma, China, Japonesa, Celta, Árabe, asunto totalmente cierto; quedando en el hemisferio sur, la civilización Inca, en soledad, como el sol sobre el cielo.

Eh allí el misterio que imana al norte.

Cuando el invierno asota el ande peruano, en la costa es verano; y cuando las florecillas silvestres se agitan al aleteo del colibrí en el ande, en nuestras costas deberían desnudarse los árboles otoñales si no fuera por el desierto de sedienta apariencia.

El 21 de marzo, es el inicio de la primavera en el hemisferio norte; la mayoría de las culturas antiguas celebraban su año nuevo en esa fecha; y aun lo hacen los pueblos que no se guían por el calendario gregoriano cristiano que fijó el año nuevo el 1 de enero; aunque la semana santa, es decir el domingo de resurrección, siempre cae en esos días del renacimiento de la naturaleza, marzo; una sutileza que deslizaron los padres de la iglesia cuando estaban en el proceso de desclonarse de las fiestas antiguas de sus precursores los paganos.

Los pueblos antiguos, incluyendo el incanato, sustentaban creencias religiosas que hoy nos parecen extrañas, porque reconocían a la fuerzas de la naturaleza como seres vivientes superiores a los humanos, como una réplica de los dioses del infinito, asunto que la ciencia moderna reconoce, no el nombre, sino sus efectos vivos en la química y la física inmersos en la madre tierra y en el universo. Muchas de estas creencias siguen siendo actuales para el agricultor patacino o peruano que espera las estaciones para la siembra, cierta fase de la luna para cortar un árbol, evitar remover las heridas durante la noche; entre otras sutilezas, que para las mentes “modernas” parecen supersticiones; aunque Galileo, el padre de la ciencia moderna, decía que para descubrir, es decir, ver lo que está cubierto,  hay que observar cuidadosamente las costumbres los pueblos antiguos, ellos, señalaba el sabio, entendía a la divinidad que trazó matemáticamente la tierra y el universo.

Cuando en Canadá, Estados Unidos y Europa es verano, en el hemisferio sur es invierno, y viceversa; y, cuando en el norte del planeta se inicia la primavera el 21 de marzo, en el hemisferio sur empieza el otoño.

¿Porque los Incas fijaron su morada en el ande?, todo apunta a que su modelo de civilización estaba regida por el objeto de la evolución interior del humano, muy distinta a nuestra presente época cuya meta es apenas el “desarrollo” material, una cultura más propensa a la máquina que al motivo de la presencia del humano en el planeta.

El imperio incaico, apenas estudiado en su superficie, jerarquizaba los valores, primero la civilización y después la cultura, puesto que, cultura es toda expresión humana buena o mala, por ello no toda expresión cultural es germen de civilización.

El norte del planeta, un misterio memorable en la antigüedad, habría sido también reconocido por los Incas, evidentemente los primeros, no los últimos decadentes; de allí que la capital del imperio se ubicara en el Ande, aunque más dificultoso para su desarrollo físico estructural, pero más asequible al propósito de la evolución interior del humano.

La dama, luego de dos horas de conversación, dijo una frase que nos sirvió de conclusión,  “Significa que los incas iniciaban el año cronológico en sintonía con el astronómico, el imperio situado en el cono sur que vivía la primavera como el norte”.

Los antiguos veían en las estaciones misterios que ayudaban a la evolución interior y exterior del humano, los modernos apenas conciben temperaturas que obligan a ponerse sweaters o abrigos.

Por: Arnold Melgarejo López
Licenciado en Relaciones Internaciones
Universidad de Panamá

 

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