El Maestro Justiniano

El Maestro Justiniano

Eltayabamba.- “No me satisfará el cariño que me tienes si no lo profesas también a todos los que te hacen algún bien y entre ellos ha de ocupar el primer lugar tu maestro, después de tus padres. Quiérele como querrías a un hermano mío; quiérele cuando te complace y cuando te regaña, cuando a tu parecer, obra con injusticia y cuando creas que es injusto; quiérele cuando se muestre afable y de buen humor, pero más todavía cuando lo veas triste. Quiérele siempre. Pronuncia en todo momento con respeto el nombre de maestro que, después del de padre, es el más noble y dulce que un hombre puede dar a otro” (Edmondo De Amicis)

La maravillosa virtud que Dios nos ha dado es sin duda la memoria, podemos almacenar miles y miles de datos entre otros, episodios, circunstancias, hechos, lugares, familiares, personas y claro está maestros; hoy día del Maestro y ayer día de su cumpleaños recuerdo con cariño un personaje muy especial que no está ya físicamente pero que su imagen flota nítida entre la brisa que suele venir desde el Pahuarchuco y recorrer de alto en alto entre Añunca, La Caridad, San Juan Cruz y retirarse lento cayendo la tarde por entre los eucaliptos que preceden las cuestas de los Laureles y los Fresnos como yendo al Tingo, donde a medio camino en el Camposanto pegado al cerro yacen los restos del Maestro Justiniano Paredes Bustamante.

Fue mi Maestro el año 1974, cuando culminaba la primaria en la Escuela 81034 del Jirón Enrique Marquina, justo en la primera aula del pabellón de la entrada que aún conserva su estructura de tapial firme, todo ese año de promoción escolar fue muy particular por algunas razones fue el último en que se utilizó el uniforme de modelo militar beige con galones, cristina y corbata, por alguna razón el Maestro Justiniano nos sugirió poner el nombre a la promoción “Augusto Salazar Bondi” y así fue, en la ceremonia de Despedida me eligió para tomar la palabra y me colocó en la escolta en la ceremonia de clausura y agradezco al destino y sus curiosas circunstancias en que ocupando el cargo de Director de la Ugel Pataz me correspondió el honor de pronunciar las palabras de despedida frente a su féretro y formar parte de la escolta de guardia en torno a su ataúd el día de su partida a la eternidad.

Justiniano Paredes Bustamante, se adelantó a su tiempo, suelo decir que fue el Maestro que se metió a la cancha; en los recreos y las horas de educación física siempre estuvo en medio de nosotros representando a su club de toda la vida Sport, en las pichangas con los que formábamos parte del Defensor, las horas de clase nunca fueron aburridas sabía inyectarle la dinámica de la interacción y el desarrollo del pensamiento libre, nunca lo vimos molesto, su sonrisa amplia y natural llenaba el ambiente de calidez y confianza, esa misma característica lo acompañó siempre y fue el sello de expresión a los demás; muchos años después cuando volví a verlo no había perdido esa esencia del Maestro por excelencia y además disfruté de su amistad hasta su partida; viajaba siempre en una oportunidad que regresó del Brasil me obsequió una agenda con su dedicatoria que conservo entre mis pertenencias y que guardo con especial cariño; ya no está con nosotros pero al mismo tiempo sé que se quedó con todos ocupando el lugar destinado a los seres que se meten al corazón y la memoria y cristianamente espero el día que nos volveremos a encontrar y escucharé su frase con la cual solía saludarme: “jurídicamente hablando”.

Por: Eliseo S. Wenzel Miranda

 

 

Comentarios

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1 Comentario

  • Ivan 16 Julio, 2016 8:53 pm

    Don JHUSTY. Por siempre, el legado de la decensia

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