Herman Herrera Quezada

Herman Herrera Quezada

BIOGRAFIA

Nació en Taurija el 12 de mayo de 1917. Siendo maestro de escuela, destacó por sus exposiciones en la concentración de profesores de Pataz. Como periodista, fue colaborador con poemas en los diarios La Nación y La Industria de Trujillo; corresponsal del informativo Inquietud, del Centro Cultural Taurija con sede en Lima y corresponsal patacino de la agencia de noticias UNIPRES, de alcance internacional. Sus artículos y noticias fueron publicados por el diario El Comercio de Lima.

Fue un poeta notable, destacando sus composiciones escolares y canciones. Su obra inédita consta de los siguientes libros: Poesías escolares, Flores sin aroma, Poesía y Jardín de ichu.

Hermán Herrara falleció a la temprana edad de 44 años, un 5 de octubre de 1961.

 

POEMARIO

SOY UN PAJARITO

Por el caminito
que voy a la escuela,
soy un pajarito
que vuela, que vuela…

Que volando parte
a todo correr,
risueño el semblante,
al aula a aprender.

Lectura, escritura,
el calculo bien,
las ciencias, la historia
y el tanto por cien…

Soy un pajarito
que corro a aprender,
por qué, y es muy cierto,
mañana he correr.

Con firme confianza
que alienta el saber;
cumplir la enseñanza
de nuestro deber.

Soy un pajarito
que a todo correr,
el camino acorto
para ir a aprender.

 

CANTA EL VIENTO

Canta el viento, canta el viento,
con su boca cantadora;
en la rama en el alero,
canta el viento mañanero,
su tonada arrobadora.

Madrugada placentera
despertada por el ave
que desde que antes amanezca,
con su pico asaz provoca
sentimiento que conmueve.

Tonadita peregrina
del vientito mañanero;
mezcladita con la voz del ave
que eleva a Dios
su canto de amor canoro.

Canta el viento, canta el viento,
canta el viento mañanero;
mañanero el viento breve
forma dúo con el ave
cantadora del alero…

De Flores sin Aroma

 

Tú me llamas en la noche
y también en pleno día;
a todas horas yo siento
el rubor de tu armonía…
y estoy librando una guerra
por ti, ¡oh cara poesía!

 

(…)
Estos días pasan
sin decirme nada.
Yo quiero que me hablen de la vida
que ellos saben.
De la vida que se vive
cuando se está solo.

Pero ellos pasan, pasan
y pasan sin decirme nada,
mudos,
como si no me vieran.

Yo tengo hambre,
sed de sus palabras,
de la vida que ellos saben
cuando se está solos,
pero ellos nada.

Me dejan sentado en el trayecto
cual si no existiera
y yo al ver esta tragedia
que se cierne en mi destino,
pienso, en lo mucho que se espera
sentado en el camino.

Todo se derrumba torpemente
tras este destino
en que vamos esperando
mientras pasan los días solitarios.
Todo se derrumba, hasta la antigua
fe de los cristianos
ante el áureo desfile
del oropel humano.

Que pasa y pasa en silencio,
fantástico espectro,
sin dejar nada a los que esperan
de pie en el camino.

Para los que quedan sólo queda
el clamor perdido
que se esfuma de rato en rato
por el hueco del espacio.

Y nosotros sentados,
en la vera del camino,
seguimos esperando…
nada.

Porque los que pasan
se van sin dejar nada
de paz ni de sosiego
porque los que quedan,
se quedan en el mundo,
olvidados.

 

LXX

Llegaron, señor, los hermanos.
Regresaron de su largo viaje
trayendo alegría de sus días
como flores de otoño.
Aquí en nuestro recinto
de cumbres y oquedades,
de frondas y canciones indecibles;
aquí estaba su lugar separado,
listo para ellos,
en este agreste
pero no peligroso pedazo de mundo
que Dios hizo para todos.

De Jardín de Ichu

Hernán Herrera Quezada

 

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