Jhon Gavilán: Tauromaquia un caso olvidado para la ley (I parte)

Jhon Gavilán: Tauromaquia un caso olvidado para la ley (I parte)

Eltayabamba.- Como diría Miguel de Unamuno “Siempre me han aburrido y repugnado las corridas de toros”  afirmación con la que muchos estamos de acuerdo. Este dramaturgo español tiene toda la razón no puede haber actividad más repugnante y carente de valores que la tauromaquia.

Nos vemos envueltos en esta problemática que ha sido motivo de debate en muchas partes del mundo, tauromaquia también denominada corrida de toros según la RAE la define como “el arte de lidiar toros” es una vieja práctica que se remonta a la edad de bronce que inició en España y actualmente se practica en países latinoamericanos como el nuestro, tanto ha sido el apogeo y la aceptación que se ha consolidado como manifestación cultural en dichos países, el Perú no es la excepción. Tanto la capital como las regiones más alejadas del Perú promueven y apoyan la tauromaquia es algo que no puede faltar en las fiestas patronales.

Parece que la sangre que se observa en las plazas de toros no es lo suficiente como para sensibilizar a ese sector que la consideran como deporte y más aún como un arte, ante todo esto ¿qué podemos hacer para frenar esta práctica? Sabemos que las autoridades de gobierno se muestran indiferentes incluso muchos de ellos apoyan y financian este tipo de eventos. Si somos bien minuciosos y revisamos un poco el ordenamiento jurídico que tenemos (leyes, decretos, resoluciones, ordenanzas, etc.) nos daremos cuenta que hay vacíos e inconsistencias en nuestra legislación sobre este tema, esto quiere decir, que es poco o nada los intentos que hacen los legisladores para crear una ley específica que prohíba esta actividad.

Actualmente contamos con la Ley N° 30407 Ley De Protección Y Bienestar Animal que dispone en el Art. 22 inc. B del capítulo VI denominado Prohibiciones Generales,  lo siguiente: “La utilización de animales en espectáculos de entretenimiento público o privado donde se obligue o condicione a los animales a realizar actividades que no sean compatibles con su comportamiento natural o se afecte su integridad física y bienestar”. Además en su sección de Disposiciones complementarias finales y en el apartado Primera. Excepciones a la ley pone de manifiesto: “Exceptuándose de la presente ley las corridas de toros, peleas de toros, peleas de gallos y demás espectáculos declarados de carácter cultural por la autoridad competente, las que se regulan por ley especial. Como consecuencia nos queda bien en claro que esta ley no es aplicable para la tauromaquia. ¿Acaso los toros no son también unos animales al igual que un gato y un perro?

A continuación expondremos las razones por las que esta actividad no es ningún arte ni mucho menos muestra de cultura y como efecto de lo mencionado anteriormente merece la atención del derecho mediante la creación de una ley específica que prohíba la tauromaquia a nivel nacional.

En primer lugar, no puede ser considerado como arte cultural una actividad en desigual competencia (torero vs toro). Por desgracia, en ocasiones algún torero comete algún un error y resulta herido o muerto durante una corrida. Es preciso indicar, sin embargo, que estadísticamente según AVATMA (Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia y del Maltrato animal) muere un torero por cada 300.000 toros lidiados por lo que se puede hablar de la lidia como modalidad de exterminio de toros, pero no como enfrentamiento noble o equilibrado, donde los dos contrincantes tienen posibilidad de salir con vida y sin heridas del combate, esta muestra una lucha con suertes desiguales puesto que ilustra la superioridad de la inteligencia humana sobre la fuerza bruta del toro. La corrida de toros no es una competición deportiva en la que el resultado habría de quedar imprevisible. Es una ceremonia en la que el final se conoce de antemano: el animal debe morir, el hombre no.

Así mismo, es totalmente falso que sin corridas de toros el toro bravo desaparecería, puesto que gran parte de su vida consiste en buscar pastos para alimentarse, y no es bravo sino en las luchas territoriales, en la lucha por la reproducción y en situaciones de peligro. El toro es artificialmente manipulado y provocado para que responda de manera agresiva al torero. La casta brava de los toros ha sido genéticamente manipulada por el hombre para que sus ejemplares sean agresivos, tal como se han manipulado los ganados lecheros o de carne. En este caso, que se termine la fiesta de los toros significará el fin de la bravura del toro que es económicamente explotada por las ganaderías. No significa el fin de los toros, porque toros más o menos bravos pueden darse en otras razas de toros.

Por: John Gavilán Chihuala
Ex alumno del Colegio Ángelo Pagani
Estudiante de Derecho
Universidad San Marcos

 

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