La silenciosa nobleza del helecho

La silenciosa nobleza del helecho

Eltayabamba.- En estos días cuando la lluvia retorna de su ciclo interminable y las gotas tímidas acarician las plantas anunciando que el invierno llega a renacer la vida y la esperanza en los campos que se visten de verde puro los helechos siguen casi escondidos entre los matorrales circundando los caminos o aferrados a la tierra en las caprichosas quebradas, estuvieron siempre allí a la espera del agua bendita que cae y remece sus hojas.

Mi infancia y mis vivencias en aquel pueblo de magia y ensueño que no olvido, transcurrieron libres y cómplices con la naturaleza que rodea Tayabamba por sus cuatro costados, donde las melodías que producen los eucaliptos jugando con el viento retumban en el recuerdo y cuando me miro de reversa puedo quedarme pasmado casi absorto contemplando los helechos, en la ladera donde solía refugiarme.

Los helechos; tienen algo que ninguna planta posee (quien sabe es solo mi particular percepción que la comparto), es la planta más noble de todas y transmite humildad, silenciosa y tenue, simple y particular y por alguna extraña circunstancia me recuerda las navidades más sencillas aquellas de buñuelos y chocolate caliente en el calor del hogar familiar mientras la lluvia golpeaba los tejados produciendo notas sonoras que acompañaban el paisaje retratado de un pesebre en algún rincón de la sala.

Han pasado los años, y los helechos parecen ser los mismos en toda época y en cualquier lugar, ellos están allí para refrescarme la memoria y escudriñar los recuerdos donde toman forma los caminos pedregosos por donde recorrimos todos y donde los que se fueron siguen caminando y los que quedamos añoramos el retorno.

Hoy que estoy lejos, digo, es un decir y como un antiguo ritual aquí en esta selva de cemento, por estas épocas me voy en busca de helechos y vaya que suelo encontrarlos en algún parque conocido en alguna florería aunque cautivos y lejos de sus natural ambiente, persisten y el solo verlos por minutos se enciende la magia y lo demás no existe, de pronto surgen esas viejas y añoradas imágenes que me envuelven y entonces vuelvo a tener 15 años y me veo hablando con helechos en medio del bosque mientras el viento anuncia una tormenta pero sigo allí de pie hablando no sé qué cosas, difundiendo mis secretos hasta que la realidad me retorna al mundo cotidiano donde todos viven de prisa y a empujones, entonces me doy cuenta que debo irme; no tengo en casa un helecho porque supongo no sería lo  mismo que no tenerlo para extrañarlo y en ese sentimiento de sentir que hace falta puedo tenerlos a todos en mi mente.

Quienes de alguna manera lean estas líneas y coincidan conmigo de que los recuerdos viven con nosotros para siempre, cuando sientan que la nostalgia los envuelve por algún motivo busquen un helecho y les dará la serenidad para seguir caminando y más aún les aseguro que le volverá a la mente los seres que se quedaron o se fueron, los caminos, las laderas, los eucaliptos, los saucos los zorzales y una que otra imagen con ojos claros que proyecta el corazón cómplice.

Por: Eliseo S. Wenzel Miranda

 

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial

2 Comentarios

  • Mabel Goicochea Guadiamos 29 enero, 2017 6:02 pm

    Cada vez que puedo y me doy un tiempo, estoy buscando nuevos artículos que no he leído de la página de El Tayabamba, y en verdad tiene los mejores artículos que he podido leer, muchas gracias, espero ir compartiendo, claro está
    con su permiso en el grupo de Los Tesoros Escondidos de la Provincia de Pataz, Atentemente Mabel Goicochea Guadiamos.

    • Eltayabamba 30 enero, 2017 7:49 am

      Gracias señora Mabel, puede usted disponer de los artículos, y le agradecemos por su labor de difundir a través de sus portales lo que se escribe en este medio. Saludos y nuevamente gracias.
      Eltayabamba.Com

Añadir Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *