Los barrotes puntiagudos, una muestra de nuestra cultura destructiva?

Los barrotes puntiagudos, una muestra de nuestra cultura destructiva?

Eltayabamba.- Gracias a dios que aún no tenemos turistas extranjeros visitando nuestra ciudad; porque lo primero que advertirían al llegar al centro de Tayabamba sería ver una plaza erizada de barrotes defendiéndose de la destrucción que camina por sus pasillos; ¡oh! placer tayabambino, destruir lo nuevo, lo bello, lo bueno; evidentemente niños y jóvenes que quieren protagonizar con sus manos; porque también “algunos” adultos, lo hacen pero con el órgano parlante.

No cabe duda que “los tayabambinos se tienen miedo a sí mismos”, porque las autoridades no se han atrevido a retirar los barrotes que empañan la cultura patacina, al contrario lo han pintado y sostenido sin percatarse de la afrenta, no solamente a la estética, sino también a la moral colectiva de Tayabamba.

En el zoológico se enjaulan a las fieras para prevenir que hagan daño a los humanos; en Tayabamba sucede algo parecido, pero al revés, el césped, las flores, las plantas, los arbustos de nuestra plaza lucen encerrados atrás de barrotes para evitar ser destruidos por los feroces modales destructivos de algunos tayabambinos.

Basta con mencionar “estos barrotes dañan la estética de nuestra plaza” para escuchar mecánicamente de todo tayabambino, sin excepción, “si retiran los barrotes la gente destruye la plaza”. ¿A cuál gente se refieren? A los mismos tayabambinos evidentemente. Los Tayabambinos tienen temor de ellos mismos; paradójico pero cierto.

Un oriental al ver nuestra plaza de armas tayabambina diría que nuestros puntiagudos barrotes dañan el Chi, o la energía positiva, como lo llamamos en occidente; un norteamericano sonreiría manifestando que esa apariencia afilada de la rejas afecta la buena vibra para hacer negocios; un francés nos reclamaría la palabra “placer” de estar en un lugar, y un Hindú se retiraría en silencio del lugar. ¿Cómo es que los tayabambinos no advertimos nada?

Las paradojas se suceden una atrás de otra, porque en Tayabamba “la educación” y “seguir estudiando” son altares llenos de cirios y golpes de pecho; pero hasta la fecha cero milagros y cero salvaciones.

Por: Arnold Melgarejo López
Licenciado en Relaciones Internaciones
Universidad de Panamá

 

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