Los que se fueron, están aquí

Los que se fueron, están aquí

“El secreto de la inmortalidad, es vivir una vida digna de ser recordada”. (San Agustín).

Hace algunas semanas atrás, mientras estaba superando un post operatorio en el descanso obligado de la prescripción medica y el natural sosiego que el propio cuerpo necesita, en estos intervalos de noches de espera, se presentó en mis sueños un muy singular como de especial era el protagonista de aquel encuentro: me ví caminando solo por una senda de tierra firme bordeado con plantas y arboles frescos, (de seguro debió ser un camino que discurre entre los paisajes que circundan Tayabamba y sus anexos), podía apreciar un sol a media tarde, de pronto a unos 10 metros delante y al lado izquierdo de aquel camino divisé dos personas sentadas en una especie de paredón abandonado, mientras mas lograba acercarme se hacia mas reconocible el rostro de alguien que ya no estaba físicamente, allí sentado y presuroso a encontrarme con un abrazo reconocí nítidamente a mi recordado amigo y colega Segundo Marcio Reyna Piedra (QEDyDDG), era el con su sonrisa de siempre y la serenidad iluminada en su rostro amable; no recuerdo mas detalles de aquel sueño, tampoco haber tomado atención de quien era el extraño personaje que lo acompañaba sentado a su lado izquierdo; cuando desperté súbitamente sentía aún la sensación de aquel abrazo sincero del amigo que partió temprano, como se van aquellos que son llamados atendiendo los propósitos de Dios o los designios de la vida.

Segundo Marcio Reyna Piedra, el amigo y colega, con quien compartí las actividades de la administración y el ejercicio de la profesión y sobre todo largas horas de tertulia y muchas anécdotas que caracterizaban su espíritu libre y sus convicciones profesionales admirables; me comentaba que en cierta ocasión que se desempeñaba como Juez Mixto, había llegado hasta su oficina un extraño personaje a ofrecerle dinero a cambio de que expida un fallo favorable a una conocida empresa minera; el negó categóricamente este pretendido obsequio, a los quince días refiere, recibe la visita del abogado de la compañía y un acompañante extendiéndole un cheque en blanco por el ansiado fallo, al negar nuevamente el “generoso” ofrecimiento estos personajes salieron del juzgado muy molestos a la vez sorprendidos por la decisión del magistrado, pero sin antes dedicarle unas palabras de despedida. “bueno doctor, otra cosa no podemos ofrecerle, así que lo sentimos aténgase a las consecuencias”; proseguía Reyna Piedra en su relato y dijo haber quedado tranquilo con su actitud, pues estaba actuando con decoro, entonces a que temer ? A que se referían estos tipos con tan extraña amenaza, pero no sabe mi querido colega que pasó después, me dijo prosiguiendo su relato, hace una ligera pausa, como tomando aire, luego sonríe y me decía que a la semana del ofrecimiento, la amenaza estaba consumada; recibió un documento firmado por sus superiores; dándole las gracias por sus servicios prestados y designando a otro juez en su reemplazo.

Cuando supe de su partida a otras vidas, recordé su grandeza y cuando lo soñaba aquella noche entre la penumbra y los calmantes, sentí que ese abrazo me indicaba que mi mejoría iba por buen camino y así fue y siempre suelo decir que aquellos que se fueron están aquí …. A sus órdenes jefe.

Por: Eliseo S. Wenzel Miranda

 

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