Paseos campestres una predilección patacina

Paseos campestres una predilección patacina

Tayabamba.- Los paseos fuera del pueblo han sido siempre una acentuada predilección de los patacinos, y practicada asiduamente en décadas pasadas, desde paseos espontáneos alrededor del pueblo hasta almuerzos en las pampas y riveras de los ríos.

En Tayabamba de los años 70 y 80, no se tenía la “cajita mágica” que hoy mantiene sentados en el hogar a jóvenes y viejos; las energías se explayaban ejercitando las emociones y los músculos en cortas caminatas por la carretera del barrio alto, por el entonces camino a la Posta, y los altos de la Caridad, Añunca y San Juan Cruz, entre otros.

En las noches, los barrios sonaban con los niños jugando, cantando o corriendo; los adolescentes merodeando las casas de las enamoradas; los jóvenes contando sus anécdotas en las esquinas; los adultos paseando y departiendo alrededor de la plaza; y los Bateas chisteando en la esquina de la plaza. Todas las generaciones disfrutaban del barrio, de las esquinas, de la plaza y de la seguridad que ofrecía el entorno.

Los almuerzos campestres eran una extensión del modo de vida del pueblo; temprano el domingo, el feriado o en las vacaciones, los jóvenes cargando las viandas y sus emociones salían del pueblo en dirección a los campos; el disfrute empezaba en la víspera, cuando se juntaban en alguna casa para preparar los platillos; luego el desplazamiento y la búsqueda del lugar para ubicarse; sentarse a compartir las viandas y luego explorar los alrededores.

En el último lustro, se intentaron reactivar algunas costumbres, entre ellas las excursiones cortas, las pláticas nocturnas, los turquitos para el frío, entre otros; pero hace falta continuidad y principalmente amor por estas prácticas que son el reflejo de la silenciosa tradición que duerme en el interior de los pueblos.

Por: Arnold Melgarejo López
Licenciado en Relaciones Internacionales
Universidad de Panamá

 

Comentarios

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1 Comentario

  • Manuel Morillo Lopez 21 noviembre, 2016 2:03 pm

    No hay nada más hermoso que un paseo campestre, llevando el delicioso fiambre.

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