Tirso F. Vigo Lafitte

Tirso F. Vigo Lafitte

BIOGRAFIA

Tirso Felipe Vigo Lafitte, nació en Huancaspata, distrito de la provincia  de Pataz, departamento de la Libertad, siendo muy niño, a la edad de 3 años se trasladó   a vivir a Tayabamba, conjuntamente con su madre la señora Josefa Lafitte Arellano y sus hermanas Flor de María y Elina.

Su infancia y su adolescencia transcurrieron  en Tayabamba,  vivió en la casa de su padre Don Eudolio Vigo Acosta, ubicada en el  jirón San Martín, frente al mercado y a pocos metros de la Plaza de Armas y de la iglesia. De allí que en sus narraciones recuerde la iglesia de  ancha nave, con sus altas torres, las campanas llamando a los fieles y el viejo reloj  marcando la agonía o la muerte de una hora. Recuerda también como si fuera ayer, las tardes de agosto volando cometas en el Alto de la Caridad o en el Alto  del Cedro, los maizales de Chilcapampa, los trigales de Llotocollay y el río Cajón en donde solían  darse grandes zambullidas , para luego regresar a la casa cargando el tercio de leña para justificar  la ausencia de la  casa.

Sus estudios primarios los realizó en el Centro Escolar de varones N°281 de Tayabamba ,  en su obra hace especial referencia a sus maestros , al Director Julio Virgilio Tena, Adeodato  Lecca  Delgado, Juan Rojas Melgarejo, Jaime Lozano Almaguer, Cástulo  Maguiña  Cueva , Sra. Artemia  Arellano de Zegarra y al señor Wilfredo Miranda López.

Su primer trabajo fue  como operario, en la construcción de la avenida Aniunca  y en el empedrado de las calles,  que realizaba por ese entonces, el Alcalde Provincial Don Manuel Paredes Viera,  a quién dedica una de sus obras, por considerarlo “Un insigne ciudadano, distinguido por su afán de  lucha buscando el progreso del pueblo”. Posteriormente pasó a trabajar como  portapliegos en la Municipalidad,  hasta finales del año  1946.

En Mayo  de 1947 viaja a Trujillo, al poco tiempo, ingresa a trabajar en  la Sociedad Importadora de Medicinas Taboada.

Estudia Secundaria en el Centro de Aplicación de la Universidad Nacional de Trujillo, luego estudia inglés  a distancia en la National  School de los  Angeles  California y en las Escuelas Especiales  de la Universidad Mayor de San Marcos.

Debido a sus conocimientos del idioma inglés, trabajó como recepcionista en el Hotel de Turistas de  Chimbote. Ciudad donde contrae matrimonio con la señora María Andrade, de cuya unión nacieron sus hijos, Dennis y James.

Se traslada a  Lima en donde trabaja en las Empresas Eléctricas y finalmente ingresa al sector educación en donde labora  18 años.

Ha escrito tres  obras:  “Narraciones en Verso”, “Anécdotas de Tayabamba” y “Comidas  Típicas de Tayabamba”.

Escrito por:  Martha  E. Paredes Vigo

 

ANÁLISIS: POEMAS PARA TAYABAMBA

viernes, 12 de noviembre del 2010

“Narraciones en Verso”, es un poemario caracterizado por la narración de vivencias que nuestro poeta canta con enfrascado lirismo a su pueblo de Tayabamba al cual designa como un “edén” porque al decir de nuestro poeta, a su “querida Tayabamba, nada le falta, especialmente, el trigo, la cebada, las habas, el maíz, las arvejas, el olluco, la ñuña y la papa.

Sin embargo, es en su poemario “Pahuarchuco” donde Tirso Vigo Lafitte, con discreta maestría evoca los costumbrismos de Tayabamba, haciendo imperecedero este bello lugar de nuestra serranía. El poemario va dedicado a un familiar muy querido por nuestro poeta a quien le expresa sentidos renglones colmados de afectuosos recuerdos y añoranzas y le pide que lea para “que tu alma vea que tu recuerdo llevo…”, para luego fraternalmente sentenciar: “…sé que estás en algún punto del universo y cuando estoy a solas con Dios, de ti converso”, le escribe colmado inocencia amical.

El poemario “Pahuarchuco”, contiene 40 poesías y cada una canta un recuerdo diferente. Los lugares, animales, personas, edificios, colegios, la plaza de armas, las calles, los verdes campos, el chapotear de los ríos, su colegio Nº 281 con su balconcito de madera, los juegos escolares donde hizo uso de los pallares, la iglesia de ancha nave, resguardada por sus altas torres desde donde salía el bullicioso repicar de las campanas invitando al rezo del rosario, son evocados con ternura infinita.

“Pahuarchuco”, es un poemario inmensamente evocativo, colmado de recuerdos que por obra y sabiduría del poeta Tirso Vigo, no pasarán al olvido. El poema “Tayabamba” está inmerso en un sentimiento hermoso, colmado de una admirable nostalgia. Con prístina sencillez, este poema nos sumerge las bondades de ese pueblo. Sentimos las caricias que nos ofrecen los parajes de del Pegoy, Chilcapampa y Llotocollay, cubiertos de chilcos, de pencas y siempre azotados por el recio vuelo de los zorzales.

Nuestro poeta Tiro Vigo Lafitte, no deja resquicio alguno sin ser cantado por la suave pluma de su creación. Imponiendo su estilo libre, escribe libres poemas, que ni la asustada serenata, ni la tienda de la esquina, ni los amigos ni menos el baile de los Huaris, escapan al ojo escudriñador de nuestro atento vate. Tirso Vigo, con firmeza y conocimiento nos entrega el baúl de sus recuerdos hecho poemas, haciéndonos gozar en demasía. Disfrutemos del poema titulado La Jora  donde escribe:

“Después de dos días de remojo/ Duerme plácido el maíz,/ En cama de chilco o aliso/ Hasta que salga la raíz.// Después de ocho días de reposo/ Despierta con calor valorante,/  Se siente su aroma al instante/ Dulce, oleosa y sabrosa.// Poco a poco va secando/ Tendida bajo el sol radiante,/ En sacos van echando/ Para que tenga dulzura/

Y sabor espumante// Así termina el proceso de hacer jora,/ Tómate un vaso/ De la buena chicha de jora.

Tirso Vigo Lafitte, poeta de nuestra serranía profunda y liberteña, ha logrado, a través de sus libros, calar inmensamente en el alma de los hombres, pero, se hace necesario que su canto llegue a los colegios de nuestra región y por ende dejar de ser un poeta olvidado o soslayado, pues a partir de hoy, deja de ser tal, para sentirnos orgullosos de tener escritores liberteños que son una lumbrera y ejemplo para las futuras generaciones.

Por: Blasco Bazán Vera

Análisis literario publicado en el Diario La Industria de Trujillo  por el profesor Blasco Bazán Vera, escritor, poeta, investigador histórico y literario, conferencista sobre temas de literatura liberteña, fundador, además, de la “Primera Biblioteca Regional de Autores Liberteños”, miembro del Instituto de Estudios Vallejianos de la Universidad Nacional de Trujillo y miembro  del Frente de Escritores de La Libertad.

 

MI FLAUTA Y MI ANTARA

Mi flauta y mi antara

eran mis compañeras

donde yo iba…

eran la primeras.

 

La flauta en mi cintura,

como collar la antara,

en mi mente la partitura

para tocar con dulzura.

 

La flauta era un carrizo

con seis agujeros,

donde danzaban mis dedos

cual alegres jilgueros.

 

Sentado sobre  una piedra

y bajo la sombra de un aliso,

soplaba sin permiso

las doce cañas de mi antara.

 

Las notas que soplaba

salían escondidas,

por el aire volaban

entre nubes perdidas.

 

A remudas tocaba

la flauta y la antara,

mi alma lloraba

en las notas que de ella brotaba.

 

De arranque era un huayno,

después una chuscada

y como despedida : un triste yaraví.

 

RECUERDOS

Hace 60 años que salí de mi tierra, dejé mi querido pueblo de Tayabamba –  Para mí,  como si no hubiese pasado el tiempo.  Aún siento ese agradable  olor a tierra húmeda después que el arado ha volteado el surco –  Siento el perfume inconfundible de la hierba fresca que viene desde los corrales de Huallpahuaz y Chilcapampa –  Las aguas del río Cajón, corren y corren haciendo tumbos , salvando recodos  y van a perderse allá muy lejos – . Es una mañana de Abril, jupa, jupa va llegando el día, las primeras avecitas “shonshitos”, abandonan su nido para ir en busca de alimento, ellos picotean a las lombrices que viven en los chogos que crecen en las rendijas del empedrado de las calles –  Las pichuchancas, en las tupidas marconas levantan su piquito hacia arriba y entonan sus primeros jorgeos como alabando al Divino Hacedor, luego alisan sus alitas y emprenden el vuelo para buscar sus alimentos –  El sol, ya un poco más arriba del Pahuarchuco, sus rayos van calentando los tejados y los gallinazos tiernos calientan su cuerpo estirando un ala, estirando una pata –  Ya se ve el denso humo que escapa por los tejados o el techo de paja, señal que ya están haciendo las tortillas para el desayuno –  Café negro y aromático, una porción de jamón acompañado por su canchita  !Qué rico! – Otros  tomarán el desayuno con sus rosquitas, molletes o bizcochos – Otros… quizás nada… ! -Caminar por sus calles angostas pero limpias, mirar las casas hechas de tapial que todavía mantienen sus artísticos y vetustos balcones de madera – Sus tejados de un rojizo oscuro, brillan con el sol de la mañana.

Han llegado campesinos de Allauca, Queroz o Colpabamba, los hombres con sus ponchos al hombro y las mujeres arropadas de sus llicllas – Otros van llegando con sus shicras con papas a la espalda o de habas verdes para vender en las gradas del toril – Hay algunos hombres sentados en las veredas o en las gradas de la Iglesia, están armando el bolo, sacan la coca de la picsha y se llevan a la boca, mastican y mastican y después escupen, otros golpean el poronguito calero  en la uña del dedo  pulgar izquierdo, menean el poronguito y sacan la aguja empapada de cal y en la boca combinan  con la coca ya masticada. Poco  a poco van haciendo “el bolo” – Es domingo, el señor Alcalde y demás autoridades, muy erguidos ellos, contemplan el izamiento de la Bandera Nacional, acompañados de la Marcha de Banderas que la banda municipal ejecuta. Así recuerdo a mi pueblo de Tayabamba.

De anécdotas de Tayabamba, páginas 49 y 50. Tirso Felipe Vigo Lafitte.

 

LA ESQUINA

En la esquina de don Mariano

era la reunión,

de compadres y amigos

 para la conversación.

 

La franca carcajada

por cualquier opinión,

sin fijarse quien pasaba

muy cerca de la reunión.

 

Si alguien por ahí pasaba

ya sabía lo que le esperaba,

Una broma muy pesada

y que bien… la aguantaba.

 

De Lunes a Domingo

los amigos se reunían,

conversaban y comentaban

y de todos se reían.

 

Don Mariano que allí vivía

también era de la collera,

de todo comentario se reía

porque sufría de sordera.

 

Don Mariano dueño de una tienda

arroz  y azúcar vendía,

en frascos de vidrio muy antiguo

caramelos tenía.

 

De esta reunión  familiar

las chapas nacían,

donde jóvenes y adultos

sus chapas tenían.

 

Esto era un diario acontecer

de los compadres y amigos,

que hacían reir……

hasta el peor enemigo.

 

REVUELTO DE YUYO

En los corrales ajenos

de Huanchil y Colpabamba,

crece entre los maizales

una hojita verde y fresca, es rica,

es sabrosa…esa hojita se llama yuyo.

 

!Quién… no quisiera comer!

un revuelto de yuyo

o un ajiaquito con su papita

todo envuelto en mantequita

en olla de barro.

 

Sobre tres tullpas la olla

a fuego de leña o carbón,

lista con el aderezo

para revolver el yuyo

!Qué rico! !Qué sabroso!

Te chupas los dedos

y pides la yapa

 

Si a este potaje

quieres acompañar,

un tiesto de cancha puedes tostar

y un vaso de chicha para asentar,

!Qué rico es el yuyo!

que no se puede olvidar

por más lejos de tierra

no dejo de apreciar.

Tirso Felipe Vigo Lafitte

 

Comentarios

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1 Comentario

  • Alberto Caballero 24 Diciembre, 2016 7:57 am

    Felicitaciones amigos por divulgar un poco de la creación de nuestro paisano Tirso,sus poemas son para nosotros los patacinos ,nos hacen recordar con mucha añoranza nuestra juventud APOYEMOS AL POETA

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