Martes Julio 17 2018
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Wenzel Miranda: La corrupción que ya ni sorprende (I parte)

Wenzel Miranda: La corrupción que ya ni sorprende (I parte)

Eltayabamba.– Soy una apasionado y ferviente seguidor de Manuel Gonzales Prada, sus testimonios de obra en prosa constituyen en una manera práctica de decirlo el oráculo de la vida republicana de nuestro País en todos los tiempos y siempre que los titulares reflejan la decadencia de nuestra naturaleza moral vuelvo a repasar en sus escritos y siempre encuentro las razones para creer que la corrupción es un virus incontrolable que se metió en los genes de la nación y no se puede extirpar por los siglos de los siglos, es parte de la involución que nos toca como país de tercer mundo, por eso ya nada sorprende porque hemos aprendido a convivir en ese ambiente y tenemos como creencia que todo es así, porque no tenemos la certeza de que alguien se enfrente a cambiar todo un sistema que ha hecho metástasis en la cotidiana realidad, porque luego del escándalo y los titulares vuelve la calma porque en el fondo hasta los posibles moralizadores están salpicados de inmundicia.

Los escándalos que salpican al Poder Judicial y Consejo Nacional de la Magistratura, no son nada nuevos, lo sabemos a diario, a cada hora, como se arreglan los juicios, se negocian las sentencias y se colocan a los Jueces y Fiscales, los méritos profesionales no encajan en un tinglado de intereses económicos, políticos, familiares e incluso favores sexuales que no se denuncian porque quien lo consiente también forma parte de la red de corruptelas.

En 1902; Gonzales Prada escribió un artículo en su Libro Horas de Lucha, denominado Nuestros Magistrados, algunos fragmentos transcribo a continuación, nótese cuanto parecido a los tiempos actuales:

Nota de redacción: (cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia):

(…) Antes de considerar a los administradores de la justicia, nos hemos detenido en los rábulas trapacistas, porque el juez viene del abogado, como la vieja beata sale de la joven alegrona, como el policía y el soplón se derivan del ratero jubilado… (…) Como se busca un mal hombre para que pague un esquinazo, así en los juicios intrincados se rebusca un juez para que anule un sumario, fragüe otro nuevo y pronuncie una sentencia donde quede absuelto el culpable y salga crucificado el inocente. Si por rarísima casualidad se topa con un juez íntegro y rebelde a toda seducción (masculina o femenina), entonces se recurre a una serie de recusaciones, hasta dar en el maleable y el venal. Si por otra rarísima casualidad, al juez apetecido no se le consigue en el lugar, se le encarga, se le hace venir desde unas doscientas o trescientas leguas. (…).

(…) Como traemos ingenieros ingleses para alcantarillar las poblaciones, agrónomos belgas para enseñar Agricultura y oficiales franceses para disciplinar soldados, podríamos contratar alemanes o suecos para administrar justicia. No negaremos que por cada tribunal haya unos dos magistrados honorables y rectos, dignos de quedar en su puesto; mas no les nombramos para que todos, si leen estas líneas, gocen el placer de creerse las ovejas sanas en el rebaño enfermo. Jueces hay justos: no todas las serpientes ni todos los hongos encierran ponzoña mortal. Sin embargo de todo, los Vocales disfrutan de esa veneración y de ese respeto que infunden las cosas divinas. Como un negro salvaje convierte en fetiche una caja de sardinas o una bota, así nosotros divinizamos a los miembros de las Cortes, principalmente a los de la Suprema. Nadie les toca ni les mira de igual a igual, todos les dan en todas partes el sitio de honor y les prodigan las consideraciones más exquisitas. )El señor vocal asoma? todo el mundo inclina la frente. ¿El señor vocal se sienta? todo el mundo le imita. ¿El señor vocal habla? todo el mundo sella los labios y bebe sus palabras, aunque diga simplezas con la magnitud del Himalaya y suelte vulgaridades con el tamaño de un planeta: vulgaridades y simplezas no dejan de abundar porque muchos de nuestros grandes magistrados, como el Dios Serapis de Alejandría, guardan en la cabeza un nido de ratones.

En la opinión de hoy en Peru21; Aldo Mariátegui, al respecto tiene una interesante y parecida propuesta: “Se acuerdan cuando las aduanas eran tal desastre que se tercerizaron, con tan buenos resultados por muchos años? Pues algo así nos toca ahora. Dado que no hemos hallado nunca una fórmula local para elegir limpiamente a jueces probos y eficientes, pues busquemos terceros externos, que se encarguen de entrevistar, evaluar y tomar exámenes a los candidatos a jueces, para luego nombrarles”.

Como propuesta muy buena, la pregunta: ¿Quién se atreve a ponerle el cascabel al gato?, regresamos con la II Parte.

Por: Eliseo S. Wenzel Miranda

 

Comentarios

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1 Comentario

  • Wilmer Dominguiez Remar 12 julio, 2018 12:39 am

    El “sistema de valores” del ser humano, se construye entre el nacimiento y los catorce años proximadamente. Esto quiere decir que si el niño, durante esta etapa, ha vivido rodeado de adultos dignos, honestos y coherentes, y ha recibido de estos adultos, en su comportamiento, “modelos dignos de imitar”, entonces este niño podrá tener todo lo necesario para construirse a si mismo, un SOLIDO SISTEMA DE VALORES propio.

    El problema de la corrupción pues, no se soluciona desde el Gobierno, ni desde las instancias políticas o judiciales, desde ellas se podrá atacar a los ya corruptos, y desde luego ese es el cometido de la Ley, pero si queremos que las nuevas generaciones no salgan corruptas, debemos los adultos conscientes, empezar a conducir nuestras propias vidas de manera honesta y absolutamente digna. Como en todo, un buen ejemplo hará la diferencia. Seamos hombres y mujeres que se conducen en su vida pública y privada, como modelos dignos de ser imitados.

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