Los motivos del odio

Los motivos del odio

Eltayabamba.- No soy Fujimorista, tampoco lo he sido; en los tiempos de la dictadura, desde la Universidad o el Sindicato combatimos a viva fuerza los abusos del Poder de Facto, nos indignamos con las muertes de Cantuta y Barrios Altos, compartimos las protestas a viva voz en las calles en plena época donde el terrorismo colocaba bombas en cualquier parte, pero resistimos y le dimos dura batalla al fujimorismo avasallador y lo vencimos.

Con Fujimori y Montesinos presos las protestas menguaron y los odios se apaciguaron, han pasado los años y los escenarios han cambiado, Fujimorí en prisión envejeció y su figura de autócrata se redujo a un anciano débil y enfermo, sin posibilidades de remecer la política como si podría hacerlo a partir de ahora; Fujimorí ya no es el chino que inspiraba adhesión y fraccionamiento, amor y odio, hoy es la imagen del padre y abuelo que se aferra a los últimos días de su existencia en recuperar los espacios familiares y cobijarse en un calor de hogar que tanto el poder y la prisión se lo habían arrebatado.

El indulto, que desde luego fue el fruto de una negociación política, causó polémica, los círculos y grupos de activistas que promueven la defensa de los derechos humanos y algunos círculos académicos no estuvieron de acuerdo y lo criticaron; por otro lado el pueblo de a pie culto o ilustrado coincidió que era la hora del perdón y la libertad; hasta los políticos fujimoristas expresaron sus opiniones a favor y en contra, el ala Keikista, criticó la decisión del Presidente, porque consideraban al patriarca una amenaza a los apetitos desmedidos de poder por parte de la señora K, que hoy aprovecha los medios para esgrimir lagrimas que bien los debió haber derramado mucho antes; por otro lado, los que acompañaron al menor de los Fujimori, celebraban la gracia otorgada por un Presidente débil de poder y de apoyo.

Hoy las cosas se revierten y el Poder Judicial ordena el regreso de Fujimori a la Prisión; que sentido tienen las leyes que se oponen a la realidad de las circunstancias; que tanto la justicia puede terminar con la vida de las personas; acaso el derecho no ha evolucionado y seguimos en el viejo dilema del ojo por ojo y diente por diente; como es posible que los fines de la pena se sustenten en el castigo y la venganza antes de preferir la resocialización y humanización de acuerdo a las corrientes modernas, desde cuando los formalismos se sobreponen a los hechos reales.

La discusión académica, judicial y parroquiana sobre la polémica decisión tiene para rato, mientras tanto el anciano Fujimori, implora piedad, sabe que morir en libertad es el derecho supremo de cualquier persona y solo Dios podría negárselo.

Por ventura o por desgracia vivimos en un País dividido en dos facciones irreconciliables; en los cuales el común denominador es el odio; aquel que nos ciega y nos vuelve irracionales, que nos revuelve las entrañas y nos devora, mientras desaprovechamos cada segundo de la vida para perdonarnos, no tiene sentido llamarnos país creyente, católico o lo que fuere si le damos la espalda al sacrificio de aquel que vino a sacrificarse por nosotros: amanse los unos a los otros, pareciera haberse extinguido en la conciencia colectiva; hoy prevalece ódiense los unos a los otros y el perdón es una frase proscrita.

Nadie quisiera despedirse del ser mas querido sin tenerlo a su lado; pero un Juez puede hacer realidad tu peor pesadilla.

Por: Eliseo S. Wenzel Miranda

 

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